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 SANIDAD INTERIOR 

Seminario Taller de
SANIDAD INTERIOR

1RA PARTE

La Tricotomia del Hombre:

 

Espiritu, Alma y Cuerpo

El hombre es un espiritu que tiene un alma y esta dentro de un cuerpo fisico.

 

 

 Seminario Taller de Sanidad Interior
Tricotomia del Hombre

1-
Espiritu: es el hombre interior, es la parte inmaterial o invisible del ser humano. Es la naturaleza espiritual que le da capacidad de comunicarse con Dios y que a su vez se divide en tres partes:
Comunion:
el medio por el cual nos comunicamos con Dios
 
Intuicion:
Es el testimonio interior por medio del cual el Espiritu Santo nos orienta y nos habla sin la intervencion del razonamiento.

Sanidad Interior

n     Consciencia: La conciencia es el medio que Dios utiliza para guiarnos, capacitandonos para diferenciar entre el bien y el mal.

   "Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espiritu Santo"

 

n     "Porque todos los que son guiados por el Espiritu de Dios,  estos son hijos de Dios. Pues no habeis recibido el espiritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habeis recibido el espiritu de adopcion, por el cual clamamos:  !Abba Padre! El Espiritu mismo da testimonio a nuestro espiritu, de que somos hijos de Dios".

   Romanos 8:14-16

-2-

 

Definicion del Alma

 

Es el lugar donde se encuentra la voluntad, las emociones, y la mente. Cuando nacemos de nuevo la obra de Cristo es perfecta en nuestro espiritu. Somos hijos de Dios, vamos al cielo pero     

el Alma la parte del creyente que no nace de nuevo y necesita ser renovada y transformada.

"Asi que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presenteis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conformeis a este siglo, sino transformaos por medio de la transformacion de vuestro entendimiento, para  que comprobeis cual es la voluntad de Dios, agradable y perfecta.

 

 

Digo pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que este entre nosotros, que no tenga mas alto concepto de si que el que debe tener,sino que piense de si con cordura,conforme a la medida de fe que Dios repartio a cada uno"

Romanos:12 1-3

 

Por esta razon hay creyentes que tienen heridas emocionales, malos pensamientos y no quieren hacer la voluntad de Dios, lo cual es reveldia.

 

 

Centro Ciristiano Misionero Intl

 

El nuevo nacimiento:

El espiritu y el alma son diferentes:

" De cierto de cierto te digo, que el que no nace de agua y de el Espiritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espiritu espiritu es.

Juan 3:3:7

 

"Y el mismo Dios de paz os santifique por completo;

Y todo vuestro ser, espiritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Senor Jesucristo"

1 Tesalonicenses 5:2

 

 

 

Que hace el nuevo nacimiento en nuestro espiritu?

"os dare corazon corazon nuevo y pondre espiritu nuevo dentro de vosotros;..

Ezequiel 36:26

 

q      Nos da la posibilidad de comunicarnos con Dios.       

-3-

 

 

Nos permite conocerlo  a el y su voluntad.

 

" Por lo cual nosotros, desde el dia en que lo oimos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seais llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduria e inteligencia espiritual.

Colosences 1:9

 

 

 

Algunas caracteristicas del Alma:

Egoista, jactanciosa, orgullosa, desobediente, revelde y arrogante, entre otras.

Esta naturaleza tiene que ser transformada y renovada.

Hay dos tipos de vida: La vida en el Espiritu ("zoe" en griego), y la vida del alma ("psuke").

El alma tiene que ser cambiada o no vamos a poder gozar la vida abudante que Dios promete, ni vamos a ser usados con poder.

 

 

 

 

n    Hay que aprender a controlar el alma

"Bendice alma mia a Jehova, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice alma mia a Jehova, y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien te perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias"

Salmos 103:1 3

El alma debe estar bajo el control del espiritu renovado en Cristo.

 

 

 

11

Tres partes del alma: Voluntad, Emociones y la Mente

 

Voluntad: es donde habita el libre albedrio que nos permite escoger entre el bien y el mal. Es la capacidad de elegir nuestros pensamientos, las pasiones y emociones.Por ejemplo, recibir a Cristo es un acto voluntario que nadie puede hacer por nosotros.

Con la voluntad el hombre se va formando de acuerdo al medio ambiente y su manera de pensar.

Tenemos que trabajar con esta area para poder aceptar la perfecta voluntad de Dios. El hombre no regenerado siempre se inclinara a pecar contra Dios. La Bilbia dice "El alma que pecare ciertamente morira".

 

-4-

SANIDAD INTERIOR

Dios ha puesto una barrera que el mismo no traspasa: la voluntad.

Por eso hay que:

Rendirla: renunciar; "estar muerto a"

Despojarse: por ejemplo, del viejo hombre. Efesios 4:22-24

Quitarse: "Quitense de vosotros toda amargura, enojo, ira, griteria, maledicencia y toda malicia"

Efesios 4:31-  Colosences 3:5

 

Quebrantarla: Dios nos disciplina como un padre a su hijo, en amor. Isaias 57:15

 

Vaciarla y llenarla con la voluntad de Dios

El sometimiento de nuestra voluntad es un sacrificio a Dios que nos permite experimentar personalmente la transformacion continua de nuestras vidas. Podemos entonces decir como los Apostoles Juan y Pablo.

              Juan 3:30      Galatas 2:20  2 Corintios 4:16

 

CONTINUARA...........

CENTRO CRISTIANO MISIONERO INTL.

Título: Decídase por la sanidad física y espiritual que le ofrece Jesucristo

Base Bíblica: Lucas 5:12-16.

Introducción:

La sociedad está marcada por dos géneros de personas: el primero lo componen quienes se resignan a su situación, y aquellos que deciden avanzar hacia el cambio gracias a que reciben al Señor Jesucristo como su salvador personal.

El leproso reconoció su situación y fue en procura del Hijo de Dios quien tiene el poder para transformar nuestra existencia; y usted, ¿acaso piensa seguir como hasta ahora sumido en una situación de desesperanza?

I.- La sanidad física y espiritual se produce en quienes buscan al Señor Jesucristo (v. 12).

1.- El leproso enfrentaba una vida de marginamiento, desprecio y desesperanza (v. 12).

2.- El esposo estaba desahuciado por la ciencia (v. 12).

3.- El leproso creía que no tenía otras oportunidades (v. 12).

4.- El leproso reconoció que el Señor Jesucristo podía marcar la diferencia en su vida (v. 12).

II.- El Señor Jesucristo desea su sanidad física y espiritual (vv.13, 14).

1.- El Señor Jesús tiene poder ilimitado para traer sanidad a su vida (v. 13).

a.- Usted decide si prosigue enfermo física y espiritualmente.

b.- Usted decide si emprende el camino hacia la sanidad física y espiritual.

2.- El Señor Jesús desea que su vida tenga propósito (v. 13).

3.- El Señor Jesús tenía el firme propósito de glorificar a Dios con sus acciones (v. 14).

III.- La obra del Señor Jesucristo es integral: sana el cuerpo y el alma (vv.15, 16)

1.- Quienes iban al Señor Jesús, procuraban una sanidad física y espiritual (v. 15).

2.- Quienes iban al Señor Jesús, experimentaban transformación definitiva (v. 15).

3.- Usted puede emprender hoy el camino hacia el cambio.

a.- Reconozca su situación actual.

b.- Reconozca que no puede seguir como hasta ahora.

c.- Reconozca que necesita a Jesucristo en su corazón.

Conclusión:

La obra del Señor Jesucristo en la vida de todos los seres humanos es integral: se manifiesta en sanidad espiritual y física, que son aspectos fundamentales que sin duda anhelamos mucho. Lograrlo implica, sin embargo, renunciar a toda atadura con el fracaso, la resignación y la desidia, para admitir que en el amado Hijo de Dios es posible experimentar transformación definitiva. Él trata con cada uno de una forma eficaz y oportuna. Basta que le abran las puertas de su corazón. ¿Hasta cuándo se resiste a experimentar ese glorioso cambio que produce Dios?

 

                


                         Sanidad de las Almas

La proclamacion del Evangelio, en un tiempo fresca pesonal y directa, habia llegado a ser, a traves de los siglos, un gigantesco y torpe mecanismo; las poleas, las palancas y los engranajes eclesiasticos, maquinadas con tanta satisfaccion, crujian estroduosamente con gran importancia pero no lograban hacer mas que lo comletamente trivial.                                                                          

Los reformadores recobraron la pasión y la claridad personal que
                  tanto evidencian las Escrituras. Esta revaloración del trabajo
                  personal resultó en frescura y vigor.
                  La reforma vocacional de nuestros tiempos (si tal cosa llega a
                  ocurrir) es el redescubrimiento de la cura de almas, como
                  tarea pastoral. La frase cura de almas parece ser anticuada; y
                  lo es. Pero no es obsoleta. Expresa y coordina, con mayor
                  precisión que cualquier otra frase de mi conocimiento la
                  guerra sin fin contra el pecado y la angustia, a la vez que
                  señala el diligente cultivo de la gracia y la fe, tarea a la
                  cual se han consagrado los mejores pastores en todas las
                  generaciones. Puede que hasta sea ventajoso pensar en lo raro
                  de tal frase, pues llama la atención a lo remoto de las
                  rutinas pastorales de hoy en día.
                  No soy el único pastor que ha descubierto este arte perdido.
                  Cada vez son más los que están adoptando esta forma de trabajo
                  pastoral y encuentran que se sienten más auténticos en dicho
                  rol. No somos muchos. De ninguna manera somos una mayoría, ni
                  siquiera una minoría de alto perfil. Pero, uno por uno,
                  diferentes ministros están rechazando la tarea que se les
                  había mal señalado para volcarse a esta nueva forma; o, como
                  parece resultar, una forma añeja que ha sido usada en la
                  mayoría de los siglos.
                  Por eso no resulta ser una mera fantasía el pensar que puede
                  llegar el día en que el número llegue a significar un grupo de
                  la envergadura como para lograr una genuina reforma vocacional
                  entre pastores. Aún cuando no ocurra, creo que es la cosa más
                  creativa y de mayor significado en el ministerio hoy en día.
                  EL TRABAJO DE LA SEMANA.
                  Hay una diferencia en el trabajo pastoral del domingo y lo que
                  hace en la semana. Lo que hacemos los domingos ha cambiado     muy
                  poco a través de los siglos: proclamación del Evangelio,
                  enseñanza de la Palabra, celebración de los sacramentos,
                  elevación de oraciones. Pero el trabajo entre los domingos ha
                  cambiado radicalmente, y no ha sido un desarrollo del mismo
                  sino que ha constituido un abandono.
                  Hasta aproximadamente un siglo atrás, lo que los pastores
                  hacían durante la semana no era más que una proyección de lo
                  que hacían el domingo. El contexto era lo que variaba; en
                  lugar de estar con la congregación reunida, el pastor se
                  encontraba con otra persona o en pequeñas reuniones o solo,
                  estudiando y orando. El método cambiaba: en lugar de
                  proclamación se usaba conversación. Pero el trabajo era el
                  mismo: descubrir el significado de las Escrituras, desarrollar
                  una vida de oración, y llevar el crecimiento hacia la madurez.
                  Este es el trabajo que, históricamente, ha llevado el nombre
                  de "la cura de almas". El significado primordial de cura en
                  latín tiene más que ver con cuidar que lo que nosotros
                  llamamos curar. El alma es la esencia de la personalidad
                  humana. Por lo tanto la cura de almas es el cuidado definido
                  por las Escrituras y apoyado por la oración que se dirige por
                  personas individuales o en grupo, en lugares "sagrados" o
                  "profanos". Es la determinación de trabajar en lo central, de
                  concentrarse en lo que es esencial.
                  Pero el trabajo que la mayoría de pastores realizan entre
                  domingos es el de mantener una iglesia. La primera vez que
                  escuché esta frase fue unos días antes de ser ordenado. Eso
                  ocurrió hacer veinticinco años y todavía recuerdo la amarga
                  impresión que me dejó. Estaba viajando con un pastor amigo al
                  que le tenía gran respeto. Yo esperaba con gran visión y ardor
                  la vida pastoral; estaba por recibir confirmación pública de
                  aquella convicción interna de un llamado al pastorado.
En este
                  momento convergerían tres cosas: lo que Dios quería que
                  hiciera, lo que otros querían que hiciera , y lo que yo quería
                  hacer. De las extensas lecturas sobre la vida de otros
                  ministros había llegado a la conclusión que la vida pastoral
                  se ocupaba primordialmente del desarrollo de una vida de
                  oración en el pueblo de Dios. El liderar en alabanza, predicar
                  el Evangelio y enseñar las Escrituras los domingos se
                  convertiría en los otros seis días en representar la vida de
                  Cristo en los acontecimientos diarios de la vida humana.
                  Mientras meditaba en estos pensamientos, mi amigo y yo nos
                  detuvimos en una estación de servicio. Este pastor, muy
                  sociable por cierto, enseguida comenzó a charlar con el
                  empleado. Mientras charlaban surgió la pregunta: "¿Y de qué se
                  ocupa usted?" "Mantengo una iglesia".
                  Ninguna respuesta podría asombrarme más que ésta. Sabía, por
                  supuesto, que la vida pastoral incluía responsabilidades
                  institucionales, pero nunca se me había ocurrido que éstas
                  serían las que le darían su definición. En el momento en que
                  me ordenaron encontré que así me conceptuaban tanto los
                  pastores y ejecutivos que estaban encima mío, como los mismos
                  miembros de la congregación. Es de destacar que la primera
                  descripción de trabajo que recibí omitía, por completo, la
                  oración pastoral.
                  A mis espaldas y mientras mi identidad pastoral se iba
                  formando con lecturas de personas como Gregory y Bernard,
                  Lutero y Calvino, Ricardo Baxter de Kidderminster y Nicolás
                  Ferrar de Little Gidding, Jorge Herbert y Jonathan Edwards,
                  John Henry Neuman y Alejandro Whyte, Phillip Brooks y Jorge
                  Macdonald, el trabajo del pastor había sido casi totalmente
                  secularizado (con excepción de los domingos). Eso no me
                  conformaba. Por eso decidí, después de un período de
                  desorientación y confusión que el ser médico de almas tenía
                  prioridad sobre el mantener una iglesia, y que me guiaría en
                  mi vocación pastoral por sabios antecesores, en lugar de mis
                  contemporáneos. Afortunadamente he encontrado aliados a lo
                  largo del camino y un deseo, por parte de los miembros de mi
                  congregación, de trabajar juntamente para cambiar la
                  descripción de mi trabajo.
                  Debe mantenerse bien claro que la cura de almas no es una
                  forma especializada de ministrar (similar, por ejemplo, al
                  consejero pastoral o al capellán) sino en realidad, la esencia
                  misma del trabajo pastoral. No es limitarlo a un aspecto
                  devocional sino que es un estilo de vida, el cual se sirve de
                  tareas semanales, encuentros y situaciones, como la materia
                  prima para enseñar acerca de la oración, desarrollar la fe, y
                  preparar para una buena muerte. La cura de almas es un término
                  que deja afuera todo lo introducido por una sociedad
                  secularizadora. Es también un término que nos identifica con
                  nuestros antecesores y colegas en el ministerio, laicos y
                  clérigos, quienes han estado y están convencidos de que una
                  vida de oración es el tejido que une la proclamación en el día
                  santo con el discipulado de la semana.
                  Yo hago un contraste entre la cura de almas y la tarea de
                  mantener una iglesia, pero deseo que no se me malinterprete.
                  No tengo en menos la tarea de mantener una iglesia ni minimizo
                  su importancia. También estoy haciendo eso. Lo he hecho por
                  más de 20 años; trato de hacerlo bien. Pero lo hago con el
                  mismo espíritu con que junto a mi esposa mantengo el hogar.
                  Hay muchas cosas esenciales que hacemos rutinariamente, a
                  menudo (aunque no siempre) con gozo. Pero mantener un hogar no
                  es nuestra meta. El objetivo es construir un hogar,
                  desarrollar un matrimonio, formar a los hijos, practicar la
                  hospitalidad, seguir vidas de trabajo y diversión. Mi objeción
                  es hacia el limitar el trabajo pastoral a las
                  responsabilidades institucionales, y no hacia las
                  responsabilidades en sí, las que comparto con gozo con otros
                  en la iglesia.
                  Por supuesto que no tendría mucho sentido el desafiar las
                  expectativas de las personas para desarrollar un trabajo en
                  forma excéntrica como un cura del siglo XVII (aún cuando el
                  cura excéntrico tiene mucho más de sano que parte del clero de
                  hoy). El recobrar esta tarea fundamental de entre domingos
                  debe realizarse en tensión con las expectativas seculares de
                  estos tiempos. Debe existir negociación, discusión,
                  experimentación, confrontación, adaptación. Los pastores que
                  se dedican a guiar almas deben hacerlo en medio de aquellas
                  personas que esperan de ellos que mantengan la iglesia.
                  Los pastores que deciden reclamar el vasto territorio de las
                  almas como su responsabilidad primordial, no lo podrán hacer
                  retirándose para un nuevo período de adiestramiento. Debemos
                  hacerlo mientras trabajamos, pues no es solamente a nosotros
                  sino también a nuestra gente, a quienes deseamos librar de la
                  secularización. La tarea de recobrar la vocación es tan
                  infinita como la reforma teológica. Los detalles van a variar
                  con cada pastor y cada congregación, pero hay tres áreas de
                  contraste entre mantener una iglesia y curar almas, que todos
                  tendremos en común: la iniciativa, el idioma y los problemas.
                  INICIATIVA
                  Al mantener la iglesia, yo tomo la iniciativa. Yo me hago
                  cargo. Me responsabilizo por motivar y reclutar, por mostrar
                  el camino y por poner en marcha las cosas. Conozco la
                  tendencia a la apatía, la susceptibilidad del ser humano a la
                  indolencia y uso mi posición de líder para contrarrestarlo. La
                  cura de almas, por contraste, es cultivar el conocimiento de
                  que Dios ya ha tomado la iniciativa. La doctrina tradicional
                  que define esta realidad es la de Previnencia: Dios en todos
                  lados y siempre tomando la iniciativa. El pone en marcha las
                  cosas. El ha tenido y sigue teniendo la primera palabra.
                  La Previnencia es la convicción de que Dios ha estado
                  trabajando diligente, redentora y estratégicamente antes de
                  que yo llegara, antes siquiera de que supiera que había algo
                  que yo podía hacer.
                  La cura de almas no es indiferente a las realidades del
                  estupor humano, la recalcitración de la congregación. Pero
                  existe una convicción disciplinada e insistente de que todas
                  las cosas (y me refiero, precisamente, a todas las cosas) que
                  hacemos no son más que una respuesta a la primera palabra de
                  Dios, a su obra inicial. Aprendemos a estar atentos a la
                  acción divina que ya está en proceso para que la palabra de
                  Dios, aún no oída, pueda ser oída; para que el acto de Dios,
                  previamente inadvertido, pueda ahora ser notado.
                  Las preguntas que corresponden al mantenimiento son: ¿Qué
                  hacemos? ¿Cómo podemos hacer para que las cosas funcionen otra
                  vez?
                  Las preguntas que entienden en la cura de almas son: ¿Qué ha
                  estado haciendo Dios aquí? ¿Qué rasgos de la gracia de Dios
                  puedo discernir en esta vida? ¿Cuál es la historia de amor en
                  este grupo? ¿Qué ha puesto Dios en marcha en lo cual puedo yo
                  también participar?
                  No entendemos (y distorsionamos) la realidad cuando creemos
                  que nosotros somos el punto inicial de las cosas y que nuestra
                  situación presente es lo más importante. En lugar de enfrentar
                  la situación embarrosa del ser humano y hacernos cargo de ella
                  cuanto antes, buscaremos la previnencia divina y discerniremos
                  cómo podremos llegar a ser parte de ella en el momento
                  adecuado, en la forma correcta.
                  La cura de almas va a tomar tiempo para enterarse de lo
                  ocurrido en la última reunión, en la que muy probablemente no
                  estuve. Cuando entro en conversación, me reúno con un comité,
                  o visito un hogar, estoy participando de algo que ya ha estado
                  en proceso durante un tiempo. Dios ha sido (y sigue siendo) la
                  realidad central de ese proceso. La convicción bíblica es que
                  Dios ha estado mucho antes con mi alma. Dios ya ha tomado la
                  iniciativa. De la misma forma que uno, cuando llega tarde a
                  una reunión, está entrando en una situación compleja en la
                  cual Dios ya ha pronunciado palabras decisivas y actuado en
                  formas decisivas. Mi tarea no es necesariamente anunciar eso,
                  sino descubrir qué es lo que está haciendo y vivir
                  apropiadamente con ello.
                  IDIOMA
                  Cuando mantengo una iglesia, uso un lenguaje que es
                  descriptivo y motivador. Quiero que la gente esté bien
                  informada para evitar los malentendidos. Deseo que la
                  congregación esté motivada para que las cosas se hagan. Pero
                  en la cura de almas estoy mucho más interesado en quiénes son
                  las personas y en qué se están convirtiendo en Cristo, más que
                  en lo que saben o están haciendo como grupo. En esto pronto
                  veo que ni el idioma descriptivo ni el lenguaje motivador son
                  de mucha ayuda.
                  El lenguaje descriptivo es lenguaje acerca de algo (nombra lo
                  que existe). Nos orienta en la realidad. Hace posible que
                  veamos cuál es el camino en los laberintos más intrínsecos.
                  Nuestros colegas se especializan en enseñarnos este lenguaje.
                  El lenguaje motivador es un lenguaje para algo (utiliza
                  palabras para que las cosas se hagan). Se dan órdenes, se
                  hacen promesas y pedidos son formulados. Tales palabras logran
                  que las personas hagan cosas que no harían por iniciativa
                  propia. La industria de la propaganda es la más hábilmente
                  practica este idioma.
                  Aún cuando el uso de este lenguaje resulta indispensable, hay
                  otro idioma más esencial para nuestra humanidad y mucho más
                  básico a la vida de fe. Es el lenguaje personal. Hace uso de
                  palabras para la auto expresión, para conversar, para entablar
                  relaciones. Este es lenguaje hacia y con. El amor es ofrecido
                  y recibido, las ideas se desarrollan, los sentimientos se
                  expresan, y los silencios se honran. Este es el lenguaje que
                  hablamos espontáneamente de niños, cuando enamorados, o como
                  poetas (y cuando oramos). También es marcada su ausencia
                  cuando mantenemos una iglesia. Hay tantas cosas para decir y
                  por hacer que realmente no queda tiempo para ser y, por tanto,
                  faltan las oportunidades para usar el lenguaje de los que son.
                  La cura de almas es una decisión de trabajar en el corazón de
                  las cosas, donde más somos nosotros y donde se desarrollan
                  nuestras relaciones de fe e intimidad. El lenguaje primordial
                  debe ser, por lo tanto, hacia y con, el lenguaje personal del
                  amor y la oración. La vocación pastoral no se desarrolla
                  primordialmente en colegios donde se enseña acerca de ciertos
                  temas, ni en bases militares donde las fuerzas de asalto se
                  preparan para combatir el mal, sino en la familia, el lugar
                  donde el amor se aprende, donde acontecen los nacimientos,
                  donde se profundiza la intimidad. La tarea pastoral es la de
                  usar el lenguaje apropiado para el aspecto más básico de
                  nuestra condición humana (no un idioma que describe, no un
                  lenguaje que motiva, sino un lenguaje espontáneo: gritos y
                  exclamaciones, confesiones y cumplidos, palabras que hablan al
                  corazón).
                  Tenemos por supuesto mucho para decir y mucho para hacer, pero
                  nuestra tarea primordial es la de ser. El lenguaje primordial
                  de la cura de almas es, por lo tanto, el de conversación y
                  oración. Ser un pastor significa aprender a usar un idioma en
                  el cual la situación única de cada individuo es apreciada y la
                  santidad individual reconocida y respetada. Es un lenguaje sin
                  apuros, ni presiones -el lenguaje despreocupado de amigos y
                  amantes que es también el lenguaje de la oración.
                  PROBLEMAS
                  Cuando mantengo una iglesia soluciono problemas. Donde hay dos
                  o tres reunidos surgen problemas. Los egos se golpean, los
                  procedimientos se atascan, los arreglos se vuelven confusos,
                  los planes fallan y los temperamentos chocan. Hay problemas de
                  normas, problemas matrimoniales, laborales, con los chicos, de
                  comités, problemas emocionales. Alguien tiene que interpretar,
                  explicar y desarrollar nuevos planes, mejores procedimientos,
                  organizar y administrar. A la mayoría de pastores les gusta
                  hacer esto. Yo sé que este es mi caso. Hay una enorme
                  satisfacción en hacer lisos los lugares desnivelados.
                  La dificultad se encuentra en el hecho de que los problemas
                  surgen con tal rapidez que el solucionarlos pasa a ser un
                  trabajo de tiempo completo. Como resulta útil y el pastor
                  ordinariamente lo hace bien, dejamos de ver que la vocación
                  pastoral ha sido sustituida. Gabriel Marcel escribió que la
                  vida no es tanto un problema que debemos solucionar, sino un
                  misterio que debemos explorar. Por cierto esta es la posición
                  de la Biblia: la vida no es algo que logramos construir y
                  mantener en funcionamiento gracias a nuestra sabiduría, sino
                  que es un regalo insondable. Nos encontramos sumergidos en
                  misterios: increíble amor, maldito odio, la creación, la cruz,
                  gracia, Dios.
                  La mente secular se ve aterrada por misterios. Por lo tanto
                  fabrica listas, encasilla a las personas, fabrica roles, y
                  "soluciona problemas". Pero, de esta forma, una vida
                  solucionada es una vida reducida. Esta clase de gente que lo
                  sabe todo, nunca toma grandes riesgos de fe o habla
                  convincentemente en términos amorosos. Niega o ignora todo lo
                  que sea misterioso y reduce la existencia humana a todo lo que
                  se pueda manipular, controlar o fijar. Vivimos en medio de un
                  culto de expertos que todo lo pueden explicar y solucionar. La
                  vasta tecnología que nos rodea nos hace pensar que en el campo
                  espiritual también hay herramientas para toda situación, si
                  solamente podemos comprarlas. Pero "hay cosas" escribía
                  Mariana Moore, "que son importantes más allá de estas
                  preocupaciones". Esta antaña guía de almas afirmaba la
                  prioridad del "más allá" sobre "estas preocupaciones". ¿Y
                  quién podría dedicarse a hacer este trabajo sino los pastores?
                  Algunos poetas, quizás; y los niños, siempre. Pero los niños
                  no son buenos guías y la mayoría de nuestros poetas han
                  perdido el interés en Dios. Eso deja a los pastores como
                  guías. Como encargados de curar almas, y no solamente
                  mantenerlas.

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